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 TERTULIA HISTORIA - H76 - CISNERO

Categoría: Historia
Fecha: 29/10/2019

El cardenal Cisneros: década eremítica. De Francisco Castellanos

Rondando los cuarenta y cinco años, el bachiller Gonzalo pudo sentirse satisfecho. Se había convertido en un letrado rico, pues a sus rentas familiares en Torrelaguna añadía las de capellán mayor de Sigüenza. Podía así tener casa propia desahogada con la correspondiente servidumbre. Todo ello le facilitó entablar relaciones sociales, entre las que hubo de primar la amistad agradecida con los Mendoza.

Allá por el otoño de 1484, el bachiller Gonzalo Jiménez de Cisneros daba otro de sus típicos saltos de gigante que suscitaban sorpresas: abandonaba Sigüenza camino de un oratorio franciscano de la Custodia de Toledo.Rompía decididamente con su pasado de letrado y canónigo y se hacía fraile de la observancia franciscana en la forma más recoleta, que era la vida semieremítica que practicaban los primitivos eremitorios organizados por fray Pedro de Villacreces. Cisneros abandona incluso su nombre de pila con sus títulos. En adelante se llamará fray Francisco, para recordar a su nuevo patrono y modelo San Francisco de Asís.

La decisión trajo perplejidad a sus amigos, y antes que a nadie causó admiración a su señor eclesiástico, el cardenal Mendoza, quien entraría desde entonces en relaciones más familiares con los frailes franciscanos de Castilla. También debió conmover a los frailes de la Custodia franciscana de Toledo. De hecho, apenas profeso, pondrán los ojos en él para encomendarle oficios y magistraturas de gran importancia.

El cenobio elegido por Cisneros fue el eremitorio de La Salceda. Allí encontró, al parecer, lo que buscaba, que era soledad dentro de una comunidad recoleta. Gonzalo llegó probablemente allí a comienzos de 1485. Conforme a la normativa y práctica de la Custodia de Toledo, hizo renuncia explícita de sus bienes patrimoniales y dispuso, condicionalmente, de sus títulos beneficiales durante el año de noviciado, tras el cual se incorporó a la orden franciscana con el nombre de fray Francisco. Allí, en La Salceda, transcurrió el decenio de vida franciscana de Cisneros. Y es donde le buscarán sus amigos del círculo de Mendoza, así como los de la misma corte de los Reyes Católicos. Su identificación con este estilo de vida parece haber sido intensa. En La Salceda le encontrarán los frailes franciscanos de Castilla cuando, en 1494, le eleven a la suprema magistratura de su provincia. Fray Francisco se intitulará a la vez vicario provincial y guardián de La Salceda, sin tener en cuenta el hecho de que su experiencia franciscana es escasa y no haber ejercido otros cargos intermedios.

El provincial Cisneros se movió durante este gobierno en la zona toledana a lomos del sufrido asno Benitilloy llevando como fámulo a su secretario Francisco Ruiz, joven fraile toledano, cuyas cualidades conquistaron al provincial.

En estos años, y tras su intervención directa en Alcalá con el cardenal Mendoza, se diseña para el convento franciscano de Alcalá una nueva academia con cátedras de Teología y Derecho Canónigo y Civil que confieran los grados académicos a la manera se la universidad de Salamanca. El proyecto llega efectivamente a fijarse y recibe la correspondiente sanción pontificia en marzo de 1487. Todo indica que éste era el anticipo del gran proyecto complutense que un día realizará Cisneros como arzobispo de Toledo.

También dedica sus esfuerzos al nacimiento y primera organización de una nueva familia franciscana, la Orden de las Concepcionistas, brote plenamente toledano y cisneriano que nunca perderá de vista.

Los años van avanzando y traen para el solitario de La Salceda nuevas sorpresas y compromisos. Efectivamente, varios de sus amigos y cortesanos llevan el nombre de fray Francisco a los oídos de la reina Isabel, y cuando se busca un sucesor de fray Hernando de Talavera, nuevo arzobispo de Granada, para el ministerio de confesor real, los consejeros de la reina sugieren la persona del fraile franciscano. Es un indicio de que goza ya de prestigio y admiración. Dicha propuesta triunfa y Cisneros es nombrado confesor de la reina en junio de 1492. No se sabe que ofreciera resistencia a esta elección, que venía a colocarle en un puesto de grave responsabilidad moral y política. Lo que sí hizo inmediatamente fue reorganizar su vida buscando facultadespontificias que le permitiesen armonizar su nuevo oficio con su vida eremítica. Por lo demás, hay que pensar que Cisneros, como hombre de grandes ideales religiosos, vio en su misión de confesor real grandes posibilidades de realizar tareas de renovación de la vida religiosa. Muy pronto, en la primavera de 1493, será testigo y actor de un intenso programa de reforma religiosa que los reyes diseñan como obra de la monarquía.

Cuando fray Francisco llega a la corte en junio de 1492 causa una honda impresión al secretario real Fernando Álvarez de Toledo, sobre todo al comprobar que la reina se fía en todo de su buen juicio.

Además de la tarea primordial de asesoramiento de los monarcas, ejerce de emisario de éstos, sobre todo de la reina Isabel, que le encomienda la resolución de problemas de carácter moral.

 

LA CONQUISTA DE ORAN POR EL CARDENAL CISNEROS. Joaquín Guerrero


 

Desde los comienzos del siglo XVI la situación de las costas españolas del Mediterráneo estaba bajo amenaza continua por las incursiones de los piratas berberiscos a los que Génova proveía de armas y municiones. Fernando el Católico reaccionó y ordenó al conde Pedro Navarro que se dirigiera a Vélez de la Gomera con instrucciones de adueñarse de este islote que se consideraba como un nido importante de piratería. El conde consiguió hacerse con el Peñón sin apenas resistencia y lo fortificó.

Pero esta conquista española molestó sobremanera a Manuel I el Afortunado, rey de Portugal, que se había hecho con varios enclaves en las costas de Marruecos y consideraba que toda esta zona era la natural expansión de su reino. Por ello protestó con toda energía a D. Fernando que, además, era su suegro. Éste le respondió que no había tenido intención de entrometerse en tierras portuguesas sino de destruir un nido de piratas y que estaba dispuesto a entregárselo si Portugal compensaba los gastos de la expedición.

Cuando se estaba en tal negociación el rey de Fez atacó el enclave portugués de Arcila y Manuel no tuvo otro recurso que pedir auxilio a su suegro quien le envió al conde Pedro Navarro con la flota de galeras reales. Consiguió levantar el cerco aunque los musulmanes volvieron a atacar meses después y hubo que acudir de nuevo en auxilio de los portugueses.

Cada uno de estos acontecimientos hacía que, vez tras vez, Cisneros insistiera al rey Fernando para que se acometieran con seriedad las operaciones necesarias para conseguir el control del norte de África y así poner fin a los desmanes berberiscos. El Cardenal ofreció al Rey allanar todas las dificultades, preparar la guerra, dirigirla personalmente y, lo que era más importante, financiarla con las rentas del Arzobispado de Toledo. Hay que tener en cuenta que en aquellos momentos Fernando no estaba para nuevas empresas porque debía asumir las obligaciones resultantes de la Liga de Cambray contra Venecia, lo que le forzaba a tener prevenidos buena cantidad de hombres y barcos. Pero, por otra parte, la situación era más que propicia a causa de las fuertes desavenencias que, por entonces, se estaban produciendo entre los reyes de Fez y Túnez.

Finalmente, el 20 de agosto de 1508, Fernando expide un despacho nombrando Capitán General de África a Fray Francisco Jiménez de Cisneros, Arzobispo de Toledo, Primado de España etc. Y fue un escándalo porque, aunque había sido Gobernador del reino, y además de forma muy eficaz, no veían en él los nobles, los capitanes y los soldados más que el hábito de fraile y ello les parecía algo que no merecía la más mínima estimación en una campaña militar. A Pedro Navarro, que fue nombrado su lugarteniente, tampoco le gustó el jefe que le habían impuesto por lo que no cesó de plantear dificultades y hacer desorbitadas peticiones de material y hombres que el Cardenal manejó con su reconocida habilidad.

Los preparativos se hicieron en Málaga y Cartagena con las galeras reales y las que el Rey mando armar a las Órdenes Militares por tratarse de una expedición contra infieles. También se embargaron naos y carabelas de algunos nobles y señores principales que poseían naves para dedicarlas al muy lucrativo corso, sobre todo contra los moros.

En Málaga, donde se encontraba Pedro Navarro, mientras se aparejaba la expedición se amotinaron las tripulaciones exigiendo que se les pagara de forma inmediata, pese a que el reclutamiento se había hecho a condición de pagar en África, tras la conquista. El motín se hizo al grito de Paga, paga que el fraile es rico. Cisneros supo dominar la algarada con un recurso casi cómico. Organizó una especie de procesión, incluso con marchas militares, en la que pasaban sacos de dinero adornados con guirnaldas. Y como este cortejo parecía acreditar la seguridad en el pago se apaciguaron los reclutados y termino el motín.

Posteriormente la flota se agrupó en Cartagena y zarpó rumbo a Mazalquivir el 16 de mayo de 1509. La componían ochenta naos, diez galeras y muchas embarcaciones menores. Además de la marinería iban unos doce mil infantes y casi cuatro mil jinetes. Al anochecer del día siguiente, por cierto festividad de la Ascensión, estaban ya en Mazalquivir (1) y, al día siguiente, tuvo lugar el desembarco.

De inmediato unas avanzadillas ocuparon las alturas dominantes en tanto que el grueso del ejército se desplegó en la llanura (2)y comenzó a subir la sierra que conducía a Orán, protegidos los flancos por artillería ligera y caballería. Desde allí pudieron observar cómo las galeras estaban ya asediando la ciudad, cañoneando sus murallas e, incluso, desembarcando algunas compañías.

Orán era una de las principales ciudades del reino de Tremecén (3), situada parte en llano y parte en una colina, bien amurallada y con una importante alcazaba. Sesenta grandes cañones, junto a catapultas y otros artefactos pedreros, la defendían. Pero, bien fuera porque se desmoralizaron al verse atacados de manera simultánea por tierra y mar o bien porque desconfiaban de recibir a tiempo ayuda exterior, lo cierto es que los berberiscos abrieron las puertas de la ciudad permitiendo la entrada en tromba de los cristianos. El triunfo fue memorable: treinta bajas hubo en el campo cristiano contra cuatro mil bereberes muertos. Además se hicieron cinco mil prisioneros.

Alvar Gómez Costo en De rebus gestis a Francisco XimenioCisnerio (4) nos cuenta lo siguiente:

“Una vez en el campo de batalla Cisneros se hizo preceder en todo momento por la misma cruz de plata que había sido colocada por su predecesor Pedro González de Mendoza (5) sobre las torres de la Alhambra en señal de que la ciudad se había rendido a los Reyes Católicos.

En esta ocasión se encargó de llevar la cruz un franciscano de espaldas robustas y gran estatura que solía acompañar a Cisneros como si fuera su guardaespaldas. Detrás de él iba Cisneros montado en una yegua blanca, ceñida la espada al cinto sobre el hábito franciscano, como los demás religiosos que, por orden de Cisneros se habían armado aquel día (6)…. Y cuando la ciudad de Orán fue tomada Cisneros, con la cruz delante entró en la ciudad” /7)

La fácil victoria, en tan sólo un día, se atribuyó dos circunstancias. Según algunos fueron las oraciones del Cardenal y del cabildo toledano y, según otros, la connivencia entre el alcaide de los donceles y la población judía de Oran con la que desde Mazalquivir había establecido contactos. Lo cierto es que la diligencia en el ataque fue también decisiva porque una demora, por descanso de las tropas o por dudas sobre la táctica a adoptar, hubieran permitido la llegada del rey de Tremecen con tropas muy superiores a las españolas. Pero cuando llegó, días después, ya se erguía sobre la alcazaba el pendón de Castilla

El botín conseguido fue de quinientos mil escudos de oro de los cuales nada quiso Cisneros, ni para sí ni para su diócesis, y ordenó se repartiese entre los soldados vencedores. También dio la libertad a trescientos esclavos cristianos que había en la ciudad. Tras ello, juzgando cumplida su misión y para evitar las suspicacias del conde Pedro Navarro, embarcó sólo en una galera y el 23 de mayo llegó a Cartagena.

A raíz de la conquista de Orán la política de expansión española por el norte de África continuó y al año siguiente se conquistaron Bujía y Trípoli y, poco después, Túnez y Argel se declararon vasallos del Rey Católico.


 

 

COMENTARIOS EN TERTULIA

El cardenal Cisneros, 1436 – 1517, es una de las personalidades más decisivas de la historia de España. De origen humilde llega a cardenal Primado, Canciller de Castilla, Inquisidor General, Consejero de Isabel la Católica, y dos veces Regente del reino, primero a la muerte de Isabel (1506 – 07) y luego a la muerte de Fernando (1516 – 17).

Todo ello con honradez a toda prueba, con sabiduría, rectitud y fortaleza de carácter.

En Salamanca estudia Teología y Derecho, y en 1484 toma el hábito franciscano con 48 años de edad. En 1495 es nombrado arzobispo de Toledo y Primado de España.

No entra en la vida pública hasta 1492, con 56 años de edad, al ser nombrado confesor de la reina. Demuestra entonces prudencia, decisión y buen sentido político, como constructor, militar al frente de la conquista de Orán y Capitán general de África, que no duda de empuñar la espada y ponerse al frente de su ejército.

Desde 1500 manda continuamente misioneros a África, junto con unos principios legislativos que se adelantaros 40 años al conjunto de Leyes de Indias del emperador Carlos, protegiendo al indígena y limitando las encomiendas. Los primeros frailes que envía a América son franciscanos y ya en 1511 siguen los dominicos.

Puso la educación como objetivo prioritario, fundó en 1499, como mecenas, la universidad Complutense del máximo prestigio, con los mejores profesores de España u europeos. Inicia la docencia en 1509, con estudios de Teología, Artes y Derecho canónico.

En 1504 pone en marcha su proyecto de Biblia Políglota Complutense, como magna obra universitaria en latín, griego, hebreo y caldeo. Para ello funda en 1492 una primera imprenta pionera rodeándose de expertos lingüistas, que se imprime entre 1515 y 1520. 

 



(1)Mazalquivir fue conquistada en septiembre de 1506 por las tropas de Fernando el Católico. Allí dejaron una guarnición de 500 hombres y 100 jinetes al mando del alcaide de los donceles. Era este un cargo militar hereditario existente en la Corona de Castilla desde el año 1340

(2) Mazalquivir está a sólo ocho kilómetros de Oran.

(3)El reino de Tremecén se desarrolló entre los siglos XIII y XVI, bajo la dinastía ziyánida y ocupaba una gran parte del norte de Argelia.

(4) El libro es de 1584. Manejo la traducción de José Oroz. Madrid, 1984.

(5)En la sede de Toledo.

(6)De rebus gestis…, pp.278, 279.

(7)Ibid., p. 290.

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